Según un artículo publicado en la página web de la Universidad de Valencia, España, las Tecnologías de la Información y la Comunicación son "el conjunto de tecnologías que permiten el acceso, producción, tratamiento y comunicación de la información presentada en diferentes códigos (texto, imágen, sonido,...)."(Belloch Ortí, 2013, "Las T.I.C.").
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Tal como lo afirma Raúl Trejo Delarbre en su libro "Viviendo en el aleph" (2006:32), la columna vertebral de la sociedad de la información y de las TIC es, sin lugar a dudas, la red de redes: internet. Dentro y a través de ella existe una libre circulación de información, ideas, prácticas, sentidos y conocimientos, los cuales son propagados alrededor del mundo de manera casi inmediata. Es de crucial importancia detenernos a pensar de qué manera tanto internet como las tecnologías de la información y la comunicación nos atraviesan y nos influyen constantemente. Por eso, para la elaboración de éste trabajo decidí elegir como tema la influencia y la magnitud que tiene la red de redes y sus plataformas en la apropiación de prácticas y sentidos, llevando a la formación de grandes identidades colectivas, como está pasando actualmente con el Fidget Spinner.
En su texto "Diferentes, desiguales y desconectados", Nestor García Canclini introduce diferentes definiciones del término "cultura" y las agrupa en dos grandes grupos basados en el tipo de uso: el uso coloquial, donde la cultura es entendida como el escalón más elevado del desarrollo social, con actividades basadas en la educación, la información vasta y el refinamiento; y el uso científico, donde la cultura es entendida a partir de dos oposiciones:
la cultura como oposición a todo lo que es naturaleza, es decir, a todo lo dado naturalmente. Por ende la cultura sería todo lo producido por el hombre, independientemente de la complejidad y desarrollo de estas creaciones.
la cultura como oposición a la sociedad, donde sólo la definen los recursos que los individuos utilizan, transforman y transmiten de generación en generación.
Sin embargo, García Canclini rechaza todas estas definiciones y propone una más completa:
"(...) la cultura abarca el conjunto de procesos sociales de producción, circulación y consumo de la significación en la vida social." (Canclini, 2004:34, "Diferentes, desiguales y desconectados"). Con esto, el autor nos dice que la cultura no es algo que aparezca siempre de la misma manera sino que un mismo objeto puede tener diferentes concepciones. Ésto dependerá de los usos, las reapropiaciones y las relaciones sociales.
Pero, ¿cómo se relaciona esto con el Fidget Spinner? Para ésto tenemos que saber primero qué es este pequeño aparato.
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Como pudimos notar, el Fidget Spinner fue diseñado con un objetivo en particular: ayudar a niños que padecen autismo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) con los problemas de ansiedad.
Entonces, si una persona sin ningún tipo de patologías lo usa sólo para divertirse, ¿el Fidget Spinner perdió su significado al insertarse en un nuevo sistema sociocultural?
La respuesta es un no rotundo, ya que el objeto se transformó a partir de las apropiaciones y las nuevas significaciones que se le dieron. ¿Qué quiere decir ésto? que todos nosotros continuamente tomamos prácticas, procesos y sentidos que no "eran nuestros", y sin embargo los hacemos propios. La gran mayoría de las veces les damos un nuevo significado a estas apropiaciones, diferente al que estaba preestablecido.
Éstas acciones en conjunto van formando una identidad, la cual puede caracterizar a un individuo (identidad individual) y/o a un grupo de personas (identidad colectiva), diferenciándolos de los demás de su misma especie.
Entonces, la identidad colectiva es aquella que se da en un grupo de gente conocida, ¿verdad?
La realidad es que esto no es necesariamente así. Los fanáticos del Fidget Spinner, aquellos que se apropiaron de esta práctica e hicieron que formara parte de su identidad individual, no se conocen entre sí y sin embargo forman parte de un grupo. Todos comparten los mismos sentimientos, puntos de vista, representaciones y significaciones con respecto a una misma práctica. Existe algo que los une, y eso es razón suficiente para que la identidad colectiva quede forjada.
Según la página web www.wikipedia.org, "un periodista es la persona que se dedica profesionalmente al periodismo".
Por suerte, más adelante ahonda en la definición y nos dice las tareas de las que se encarga: descubrir temas de interés publico, investigarlos, contrastarlos y publicarlos. Pero, ¿acaso muchas veces nosotros, sin ser profesionales, no hacemos lo mismo?
José Manuel Chillón en su texto "Oportunidades y amenazas del periodismo ciudadano en la sociedad globalizada" nos habla de dos tipos de periodismo ciudadano: el que surgió como dinámica de participación propuesta por los medios de comunicación, y aquel cuya participación corre enteramente por cuenta de las personas.
Ambas formas existen desde hace décadas pero fueron mutando (y lo seguirán haciendo) hasta convertirse en lo que hoy conocemos como periodismo ciudadano. Hace algunos años enviábamos a nuestra revista favorita cartas que luego veíamos publicadas en la siguiente edición; hoy en día comentamos en los post que publican los medios de comunicación en internet.
Estos dos ejemplos caracterizan al primer tipo de periodismo ciudadano descripto anteriormente. En la actualidad está casi naturalizada la práctica de utilizar el espacio de comentarios que dejan los medios para dar opiniones. Es una herramienta de participación ciudadana donde todos tienen su lugar para poder ayudar a construir la realidad social. De esta manera se resignifica el concepto de periodismo y es apropiado por distintas personas en su vida cotidiana. Es una práctica que pasa a formar parte de la identidad de muchas personas, generando así una identidad también colectiva.
¿A qué se debe esto? A que con estos espacios uno se siente parte, siente que tiene un lugar donde poder expresar sus opiniones y así tal vez ayudar a otros o, como dije anteriormente, a aportar a la construcción de la realidad social. Estas prácticas también hacen que el individuo vaya interiorizando una serie de atributos que finalmente lo representan y lo definen.
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Un claro ejemplo de la segunda forma de hacer periodismo ciudadano, aquella donde participación corre enteramente por cuenta de las personas, es la página de Facebook "El Sherlock de los precios". En ella, Sherlock y la Señora Watson (dos personajes creados por quien maneja el sitio) alertan a la población sobre las posibles estrategias de marketing que utilizan las grandes empresas para cobrarte de más determinado producto. A través del humor informan y dan consejos para que cualquiera pueda darse cuenta si lo están queriendo engañar, ya que ningún medio se encarga de dar este tipo de información. Los lectores de esta página no sólo se informan, sino que comentan cómo actuar ante estas situaciones y le avisan a Sherlock (y al resto de los lectores) qué otras irregularidades hay para que las verifique y las comparta. Aquí se ven de nuevo las resignificaciones, apropiaciones y formaciones de identidades colectivas a partir de una práctica cuya lógica de diseño era otra.
Para terminar, me parece importante destacar que las estructuras tradicionales del periodismo y del periodismo ciudadano fueron cambiando, pero ésto no quiere decir que se hayan destruido o hayan desaparecido.
"Para unos es una bocanada de aire fresco en el mediatizado mundo periodístico; para otros, un ataque directo a la profesión. Estas incursiones no profesionales en el periodismo muestran muchas voces distintas y pueden tener interés, pero no son aceptables al cien por ciento."(Revista Chasqui, junio 2005:10)
La Sociedad de la Información, o Sociedad de las Redes como la llama Manuel Castells, está claramente caracterizada por un aumento de la velocidad del tiempo de la vida en general. En este proceso, el componente esencial son las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Los individuos cuyas vidas están enmarcadas en esta sociedad necesitan que la inmediatez se dé en todos los ámbitos posibles. Existe una necesidad de tener todo ya, con la menor espera posible. Este tipo de tiempo, denominado por Robert Hassan como tiempo cronoscópico, reemplaza al del reloj y da una sensación de falta de tiempo constante.
La llegada de internet hizo que se desanclaran espacio-temporalmente ciertas actividades. En este contexto, las tecnologías ayudan a relajar las presiones temporales pero, a su vez, aparece la necesidad de hacer la mayor cantidad de actividades posibles en simultaneo (lo que comunmente se conoce como multitasking).
Una práctica que caracteriza esta situación esUber. Pero, ¿qué es? Es una aplicación para teléfonos móviles que permite pedir un taxi en tan solo unos segundos. Al hacerlo, se muestra en la pantalla quién va a ser el conductor y cuánto va a costar el viaje. El sistema le asigna al pasajero el auto que más cerca se encuentra de su dirección, en base a las coordenadas que muestran los gps de cada uno. Otra característica de este sistema es la utilización de tarjetas de crédito como único medio de pago, cuyos números se ingresan directamente a la aplicación. Todos estos datos nos dan cuenta de una misma cosa: inmediatez. Lleva tan poco tiempo solicitar un auto que enseguida el usuario puede estar haciendo otra tarea; no existe una pérdida de tiempo significante esperando a que llegue el taxi porque se encuentra muy cerca del pasajero; el pago ya está hecho con antelación, por ende tampoco se pierde tiempo buscando la billetera en el bolso, contando las monedas o esperando el cambio. Y a todo ésto se suma el hecho de que el tiempo de viaje puede ser utilizado para realizar otro tipo de tareas, como trabajar o comunicarse.
A pesar de que es un tema que genera controversias, Uber fue creado en Estados Unidos en 2009 y actualmente es un fenómeno apropiado por muchísimos países mundial. Las personas lo eligen por sobre otros servicios similares, muchas veces sólo por las estrategias de mercado existentes. Sin embargo, muchos países todavía no cuentan con los servicios y, sin ir más lejos, la mayor parte de nuestro país tampoco. Esta situación no es casual, sino que existen dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales que la determinan.
El hecho de que los taxistas no estén de acuerdo con el funcionamiento de este servicio y de que, contrariamente, muchas personas estén a favor, genera también identidades colectivas. Se forman grupos de gente cuyos intereses, representaciones y opiniones son compartidos, y sin embargo no se conocen entre sí. Estas identidades colectivas también llevan a la utilización del periodismo ciudadano como medio para hacerse oír.
Alguna vez una persona, por primera vez, decidió usar el espació que le dejó Facebook para escribirle algo a alguien más. A un amigo, un familiar o una pareja. Tal vez le dijo feliz cumpleaños, que lo quería mucho o que le agradecía por determinada cosa. O todo esto junto, vaya uno a saber.
La cuestión es que, sin buscarlo, esta acción marcó un precedente en la historia de la relación que tenemos las personas con las tecnologías de la comunicación. Hoy en día es completamente normal scrollear en alguna red social y ver un posteo de algún amigo (que quizás ni siquiera conocemos en persona) diciéndole cosas hermosas a alguien más. A veces está acompañado de una foto, muchas otras de un video o de una simple anécdota. ¿Quién no lo ha hecho?
Esta práctica se fue magnificando hasta formar parte de nuestra cotidianeidad. Independientemente de las controversias que genere el hecho de que quizás se utiliza una red social para decirlo porque es más fácil que hacerlo cara a cara, no podemos negar que es una práctica que se ha arraigado a nuestra sociedad. Incluso existen círculos sociales, principalmente aquellos formados por adolescentes, en los cuales los integrantes creen necesario escribir este tipo de posteos, minimamente en fechas especiales. Creen imprescindible utilizar alguno de sus dispositivos y compartirlo entre sus amigos o seguidores en las redes sociales. Puede que muchos consideren que no es algo necesario, que una relación se basa en algo más que la intangibilidad que nos otorgan las comunicaciones digitales. Pero la realidad es que es una práctica que adquirió un sentido para muchas personas, y que caracteriza y diferencia a determinados grupos de personas. Gilberto Gimenez diría que es un rasgo de socialidad que, junto con los rasgos de personalidad y la identidad biográfica, configuran una identidad. "El individuo se ve a sí mismo -y es reconocido- como 'perteneciendo' a una serie de colectivos, como 'siendo' una serie de atributos y como 'cargando' un pasado biográfico incanjeable e irrenunciable."(Gilberto Gimenez, "Materiales para una teoría de las identidades sociales"; 1997:13)